“En la aurora de los tiempos no había arenas ni olas glaciales…”

21 Jun

Mitología General

publicada bajo la dirección de

Félix Guirand

Traducción y prefacio de Pedro Pericay

 Editorial Labor S.A.  Barcelona; 1965

 

 

Odin dirige sus últimas palabras a Balder; Ilustración de 1908

     Odin dirige sus últimas palabras a Balder; Ilustración de 1908

 

 

Mitología Germánica

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Los germanos se establecieron al sur de la Península Escandinava, en las islas del Mar Báltico y en las tierras bajas de la Alemania Septentrional,  entre el Rin y el Vístula, formaban, a mediados del primer milenio antes de Jesucristo,  una estrecha agrupación de tribus.  Ningún vínculo de orden político las unía, e incluso se enfrentaban en luchas frecuentes.  Sin embargo,  hablaban una misma lengua,  tenían cierta comunidad cultural y compartían, verosímilmente unas mismas creencias religiosas.  Tal vez haya que remontar algunas de estas creencias a sus antepasados indoeuropeos.  En efecto,  los germanos,  en los milenios precedentes, habían pertenecido al gran pueblo indoeuropeo,  y su lejano parentesco con los itálicos, celtas, griegos, baltoeslavos y otras ramas puede explicar la analogía que presentan sus concepciones generales e incluso alguna de sus leyendas,  con las de Grecia, Roma y Oriente.  No obstante, por haber vivido mucho tiempo separados de las demás poblaciones indoeuropeas,  los germanos acabaron por elaborarse una religión original.  

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Como carecemos de monumentos figurados y documentos escritos,  es probable que  no sepamos jamás exactamente en qué consistía esta religión cuando aún presentaba una unidad relativa.  Sólo tenemos conocimiento de unas formas bastante evolucionadas,  formas a las que llegó a comienzos de la era cristiana y en los siglos siguientes la antigua nación germana en sus distintas ramas.  En época histórica, los germanos se dividieron en tres grupos: los orientales o godos, que, establecidos primero entre el Oder y el Vístula, abandonaron este territorio a fines del siglo II de nuestra era y emigraron,  en gran número, al Mar Negro.  Los septentrionales, que ocuparon los países escandinavos. Y, por último, los occidentales, antepasados de los alemanes y los anglosajones, que, confinados inicialmente al norte de Alemania, ensancharon poco a poco sus dominios en dirección al Rin y al Danubio, donde chocaron con el pueblo romano,  en tanto que algunas de sus tribus se disponían a pasar el mar y establecerse en Gran Bretaña.  Esta dispersión de las gentes germánicas influyó en su cultura y, por consiguiente,  en sus concepciones religiosas. Los godos, por su contacto con la civilización bizantina,  se convirtieron en gran número al cristianismo desde el siglo IV. Los únicos testimonios documentales de su lengua llegados hasta nosotros son traducciones de la Biblia o comentarios de textos sagrados. Pero los pocos historiadores antiguos que nos hablan de los godos,  apenas nos dicen nada sobre sus tradiciones paganas. Hemos de renunciar, pues, a tratar de la religión de los germanos orientales.  La mitología germánica sólo la conocemos a través de las creaciones literarias de los germanos occidentales o de las de los septentrionales,  así como por algunas obras latinas o griegas.  Pero cuando los historiadores de la antigüedad clásica y los escritores de lengua alemana,  anglosajona y normánica empiezan a compilar las tradiciones religiosas de las diversas poblaciones germánicas,  la mitología dista mucho de presentar el mismo aspecto en todas partes.  Mientras determinadas divinidades presentan un culto desarrollado en una de las orillas del Mar Báltico,  en las costas de enfrente es casi ignorado este culto. Entre  pueblos vecinos, los mismos dioses no tienen siempre la misma categoría. Además, se notan ya las influencias cristianas. Los anglosajones de Gran Bretaña se convirtieron al cristianismo a principios del siglo VII, y sus misioneros inician inmediatamente la evangelización de la Alemania actual,  y  Carlomagno acabó por la fuerza la empresa que aquéllos emprendieron de modo pacífico. A su vez, las poblaciones escandinavas adoptaron la nueva fe entre los siglos IX y XI.  Ahora bien: si exceptuamos algunos historiadores latinos y griegos y algunos poetas escandinavos, los escritores que podemos considerar como fuentes para la mitología de los germanos,  son cristianos,  que revisten con su fe los viejos mitos paganos.  Además, viven en épocas muy distintas, y las tradiciones que recogen, a varios siglos de distancia,  sólo concuerdan en contados casos y de manera muy imperfecta.  

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Para los germanos occidentales,  antepasados de los alemanes y los anglosajones,  las fuentes documentales son poco abundantes.  Los historiadores latinos,  como César y Tácito,  dispusieron sólo de informes de segunda mano, y se esforzaron  en explicar la religión germánica a través de la romana.  Así, Donar, el dios del trueno,  se convirtió para ellos en Juppiter tonans;  Wodan -Odín- fue asimilado a Mercurio,  y Tiuz, a Marte. Los misioneros, monjes y clérigos que,  desde el siglo VIII,  prosiguieron la obra de conversión y fueron, a la vez, los primeros escritores en lengua alemana, habrían podido darnos, si ello hubiese entrado en sus propósitos,  un cuadro completo de la mitología alemana de los primeros siglos;  pero su preocupación principal fue extirparla de las almas,  y casi únicamente aludieron a los mitos paganos para condenarlos.  Hoy nada sabríamos de las viejas creencias alemanas si los cuentos y epopeyas llamados “populares” no nos hubiesen dejado un buen números de datos relativos a las divinidades secundarias, demonios,  gigantes, enanos y espíritus de toda especie.  Puede decirse que sólo los escandinavos se preocupaban de salvar y perpetuar el recuerdo de las antiguas creencias.  Sus poetas y eruditos,  incluso cristianos,  anotaron fielmente las leyendas relativas a los dioses del paganismo.  La vieja selección de poemas anónimos conocida con el nombre de Edda -que es anterior,  en parte,  a la introducción del cristianismo en Escandinavia-,  los cánticos de los escaldas,  las sagas, los manuales poéticos y las obras históricas y eruditas que los países de Islandia,  Noruega,  Dinamarca y Suecia nos legaron en la Edad Media,  nos permiten hacer revivir con bastante fuerza y colorido los antiguos dioses del panteón germánico y la innúmera cohorte de divinidades secundarias que giran en torno a ellos.  Las leyendas relativas a los grandes dioses,  tales como Wodan-Odín y Donar-Thor, las conocemos sólo por la literatura escandinava,  y son las que citaremos aquí con mayor frecuencia. Pero de esta afirmación no hemos de concluir que estas divinidades hayan sido propia y exclusivamente escandinavas, sino que, con distintos nombres fueron adoradas por la mayoría del pueblo germano.  Lo que ocurre es que las leyendas que corrían de boca en boca entre los antepasados de los alemanes y los anglosajones,  casi nunca llegaron hasta nosotros.  Por eso, toda exposición de mitología germánica tiene que basarse preponderantemente en la tradición escandinava…

 

 

 

 

by Princess!!, su Walkiria de confianza en temas mitológicos

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