Un café porteño, ¡a la antigüita y sin chamuyo!: Ouro Preto

26 Jun

♣HOY♣

Reliquias porteñas

 Ouro Preto o el café…¡como se debe!

 

by Princess, su corresponsal gastronómica en la Atenas del Plata

by Princess, su corresponsal gastronómica; nota ¡exclusiva! para el PETIBONIAN TIMES

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“La ra la la la la la la la lalalala… la ra la la la la la la la lalalalá…“, ay, ¡pardon, Entschuldigung y sorry, queridas amigAs!; me pescaron tarareando (¿o laraleando?) la canción que, supongo, habrán reconocido inmediatamente. ¿Cómo que no?, ¿o no se dieron cuenta que se trata de “Moliendo café”?.  Es que, a propósito de clásicos, hoy tengo el gusto -nunca mejor dicho- de invitarlos a uno de esos “lugares para tomar café” de los que pocos quedan en Bi Ei, capital de nuestra perfumada republiqueta Argent… digo, Petibonia. Ustedes me dirán, bué, “Cafés hay muchos en la Atenas del Plata”; sí, obvio, aunque quizás no me digan nada pero déjenme suponerlo como recurso literario y hasta periodístico.  Así es nomás, cafés hay muchos, pero “lugares en los que tomar un buen café es el leitmotiv”, de esos, ya no hay tantos, que todo se lo ha llevado la moderna vida. OURO PRETO es uno de esos lugares maravillosos, agujeros negros del tiempo y del espacio que todavía sorprenden por su permanencia: y me adelanto, porque el café ¡vale la pena!, es riquísimo y una razón EN SÍ MISMA para sentarse en la vereda de Corrientes casi esquina Talcahuano o para entrar, directamente, a un “establecimiento”, como antes se decía, en el que, el café bien hecho y bien servido es un culto todavía. Da gusto sentarse en OURO PRETO; si bien ha sido modernizado, al menos tal como lo recuerdo desde la bruma de la infancia, cuando mi padre, antes de llevarnos al teatro o al cine, despuntaba el vicio de tomarse un buen café en el mostrador, -¡altísimo, tanto que yo me ponía en puntas de pie para tratar de ver algo de ese mundo ajeno a los niños!-, conserva, decía, un estilo muy clásico, muy madera, muy elegancia porteña a la antigüita: el olor ya es magnífico y, apenas entrar, podemos encargar un cuartito de buen café que nos muelen al instante… bué, eso si tienen los morlaco$, che, que el café es un lujo casi casi asiático hoy en día. Pero Princesa no desespera, y si hay mishiadura, ¡que no se note!: nos queda el recurso muy accesible de tomarnos un CAFECITO DE FILTRO, ¡exquisito!, de paraditos nomás, en el mostrador, por apenas poco más de U$S 1.-; incluso, si cobraron el aguinaldo, -chikas, estoy tremenda con la crítica social-, pueden acompañarlo con una medialunita de elaboración propia, que la pastelería también es muy buena y eso… ´por unas moneditas más. ¡Princesa no se achica ni aún achicándo$e!: por eso, me dije, vamos a darnos un gustito, un poquito caro aunque no tanto para los parámetros de la Avda. Corrientes, que, si bien nunca duerme o quizás por eso mismo, ¡suele ser cara, muy cara! y no siempre vale lo que cuesta. Es que, después de todo, un MAL CAFÉ cuesta casi lo mismo que UNO BUENO.  Me pedí un cortado en tacita larga que vino acompañado de un buen vaso de soda y una rica cosita dulce; pero, lo más genial, vino servido por mozos amables y PRO FE SIO NA LES, o sea, ¡una especie en extinción!, esos mozos a los que da gusto dejarles una propinita, por modesta que fuere: vestidos con camisas blancas, ¡impecables!, bien peinados, con corbata, zapatos y delantal al tono, lo mismo que la madura señora encargada, ¡preciosa, diligente y atenta a cada detalle!.  ¡Pucha!, si hasta la taza y el platito con virola dorada son un placer en sí mismos.  Eso sí, caso de disponer de unos mango$, pueden desayunar -un excelente desayuno muy completito sale por unos U$S 7.-; ¡vamos!, no sean amarretas e inviten un día a una amiga, un amigo y hasta un amor-, fuera de que hay una linda oferta de sandwiches, ensaladas y propuestas muy porteñas, muy clásicas, muy honestas y ¡nada tilingas!.  ¿Prefieren un chopp bien servido?: pues cuesta lo mismo que en un pinche bar pistola, o sea, unos U$S 2.60; si hace calor se sentirán muy cómodos con el estupendo aire acondicionado mientras degustan un clásico Mazagrán o un Ice Cream con toques de café, helado de vainilla, crema batida y granadina. Ni qué hablar de que, con la llegada del invierno y como punto de encuentro, OURO PRETO es ¡perfekto!. Disfruten de estos lugares que ojalá nunca desaparezcan, que los gustos hay que dárselos en vida (obbvvio, miren si nos vamos a dar gustos cuando ya estemos mirando los rabanitos…¡desde abajo!) y ¿quién puede negarse, por más ahorrativas crisis style que estén/emos, a tomarse uno de LOS MEJORES CAFECITOS DE LA CIUDAD, -en la mesa y expreso, por unos U$S 2.- a U$S 2.50.- en el ¡divino! Ouro Preto?.  Nadie, por supuesto…

 

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¡Glup! o el disfrute infantil en Corrientes y           Talcahuano

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