Un sueño

12 Dic

 

Die Angst

Tenia que hacer trámites; ¿era por eso que viajaba en el colectivo 115, repleto y caluroso?.  Tal como sucede en la realidad de los sueños, se hacía tarde: es que siempre se hace tarde en los sueños. ¿Hacia dónde viajaba?.  De pronto me veo en la Avenida Santa Fe, aunque estoy en la vereda, y no se cuándo ni cómo, exactamente, bajé del colectivo. Miro el número de la calle, estoy “al 1300”. La certeza de estar en el lugar equivocado me llena de angustia, ¿qué colectivo tendré que tomar ahora?, ¿qué hago en este exacto lugar?. Llevo agenda y papeles en la mano, “supongo” que “debería” estar en un lugar concreto, para hacer algo concreto: pero no se qué, ni dónde. Hoy es lunes y recuerdo, como en una bruma, ¡que tengo que trabajar a partir de las doce del mediodía!; sin embargo, ya está cayendo la noche. Entonces busco el teléfono para avisar de mi demora.  ¿Demora?: ¡pero si ya son las ocho y no llamé en todo el día!, ¿qué explicación podría dar?. Ensayo un discurso coherente, para darme cuenta al instante que no tengo ninguno; es que ni yo misma se por qué se hizo tan tarde, por qué no fui, por qué no me di cuenta antes.  Ahora estoy, otra vez -o quizás la misma y todo lo anterior no sucedió- en el colectivo 115; siento un poco de alivio, parece que ahora sí tengo idea de hacia dónde me dirijo y por qué: es tarde y las calles están más tranquilas; ¡qué suerte, llegaré pronto!, pienso, como se piensa en los sueños.  Alguien grita, es un grito seco y corto; está muy cerca y miro: es un hombre no muy joven, mal vestido, despeinado. Otro hombre, más joven, lo toma del brazo y trata de calmarlo. ¿Por qué grita?, me pregunto.  El más joven le pide al chofer que detenga el colectivo, ¡con urgencia, imperiosamente!. Imagino que bajarán y el viaje seguirá su curso, pero no es así: es necesario que bajemos todos. No puedo encontrar razones para esto, tampoco los demás pasajeros; pero lo hacemos, como si fuera lo esperado, lo correcto, lo debido. Bajamos precisamente y ¿por segunda vez? frente al 1300 de la Avenida Santa Fe. Entonces me doy cuenta de que llevo bolsas de compras, son alimentos que necesitan congelarse.  Y digo “congelarse”,  no es suficiente el frío de la heladera.  Le pregunto a una pareja de pasajeros que conozco desde siempre en el mundo-sueño, si pueden guardármela en su casa: ¿Tienen freezer?, ¿Pueden hacerme el favor?. ¡Con gusto!, me contestan y ya estamos en la casa de barrio adonde viven.  Lo extraño es que cuando más miro en las bolsas, más cosas aparecen; de hecho, aparecen cosas que no tenía ni idea de haber cargado. ¡Se hizo tardísimo y ni siquiera llamé a mi trabajo!. Mejor me voy y me llevo las bolsas.  Y ya estoy, nuevamente, en la calle oscura…   

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 by Princess!!, que no va al psiconalista porque es muy caro...

by Princess!!, que no va al psiconalista porque es                         caro

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