Temporada de estrenos en la Atenas del Plata: ¡volvió Princess “crítica” de cine!

27 May

                                                           

  ¿Vamos al cine?

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¡Sensacional estreno del cine argie!: "Paula Cautiva"

   ¡Sensacional estreno del cine                  argie!: “Paula Cautiva”

 

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Queridas amigAs, lectorAs ¿fieles?…

Volver, de tanto en tanto,  a las viejas pelis argentinas es un ejercicio que frecuento ¡lo más que puedo!, deben ser los años, seguramente: ver mi ciudad en 1963 -fecha de estreno de esta película-, como yo la veía a mis siete u ocho años -la verdad es que la percibía ¡preciosa!-, imágenes de la puerta del edificio donde entonces vivía, de los bondis que me tomaba para ir al cole o a las clases de música, a las mujeres vestidas como mi mamá vestía entonces, o los pasajeros saliendo por escalerillas de los aviones (sin “mangas”, amigos) en un aeropuerto de Ezeiza tan pero tan provinciano,  el magnífico lobby del Hotel Alvear, en fin, ¡hasta se me pianta un lagrimón, se me pianta, “igual que en un tango”!. Pero esta peli, dirigida por Fernando Ayala, simplemente ¡me mató!. Lo primero que destaco y transmito, modestamente, a la purretada argentina y del orbe todo, es que nuestro ispa tiene una característica notable: “parece” que pasan muuuuuuchas cosas, pero la verdad es que no pasa taaaaaanto; es más, a veces, ¡no cambia nada!; o sea, que si nos vamos unos años y volvemos, encontraremos todo más o menos igual. Y si algo nos pinta hasta el alma es la memorable escena del falso entierro, en el ¡topísimo! cementerio de la Recoleta, de un tano “grasa” pero con guita y pretensiones, en el supuesto y falso panteón de su familia, ¡ja, ja, ja!, todo esto gracias al “alquiler” que le proporciona un estanciero venido a menos. Y allí tenemos, sin más, a los restos fósiles de nuestra perfumada “oligarquía agropecuaria” que se dedican, para sobrevivir, a alquilar panteones, ejercer la prostitución vip y organizar tours de gringos al casco de la vieja estancia. ¡Película notable! y por muchas razones: la inestabilidad política -refiere, aunque sin nombrarlo, al conflicto entre colorados y azules que atravesó a las fuerzas armadas de entonces- el dólar que sube y baja -je, je, je, ¿les suena conocido?- la dificultad para que nos tomen en serio los de afuera, los vaivenes económicos y la labilidad de las inversiones en un país díscolo e imprevisible, sin olvidar el fútbol, todo en medio de los golpes “cívico-militares” (permitida toda analogía con otros sucesos de nuestra historia, comento maliciosamente, ¡je, je, je!), ancche los anticuados e ingenuos libros de lectura de la escuela primaria y las señoras haciendo compras en el almacén del barrio cuando se rumoreaba sobre el inminente golpe. Más allá de todo eso, un fantástico Orestes Caviglia (purretes del mundo, vean a este maravilloso actor que se merece y muuuuucho su nombre puessto en tantas salas y teatros argentinos) y una diviiiinaaaaa, bella y muy pero muy sofisticada Susana Freyre en su rol de cheta venida a menos que se gana los mangos trabajando como call girl,  o “escort”, como diríamos hoy. ¡Pero qué modeeeeerrrrnos, ja, ja, ja!. La cosa no queda allí: gauchos for export, gringos con plata y, sobre todo, chikas pop argentinas, (¡parecen discípulas mías!), todo esto según un relato de la algo olvidada escritora Beatriz Guido, que me pregunto si alguien la lee hoy: ¿Alguien la lee?.  Lo mejor, de lejos: Duilio Marzio -¡con razón me gustaba este galán cuando era chiquita!-; hombre requetepintón y muy muy bello aunque con nada que envidiarle a su coequiper Lautaro Murúa  -otro actor “recio” que ya había destacado, a su vez, como director de cine-.  Murúa fue un actor chileno recontrafincado en nuestro país,  con una gran carrera y una pinta bárbara y que, como tantos otros, tuvo que salir ¡corriendo! perseguido por la Alianza Anticomunista Argentina, de cuño peronista y sostenida por el gobierno ¡constitucional! de los primeros ’70 (ay, Argentina, sos una madre turra vos).   Un joven pero ya no tanto y ¡precioso! Leonardo Favio también se ocupa de deleitar a las chicas de entonces y de ahora, o sea, a las ¡modernas chikas!: aquí lo vemos antes de su explosión como cantante, tenía ya una tremenda carrera como actor y galán, como asistente de dirección de Leopoldo Torre Nilson y bueno, qué más decir sobre el seductor y simpatiquísimo Favio que en poco tiempo, además, comenzó una carrera de director notable; si vamos al punto, uno de los más grandes directores que tuvo el cine argentino. Párrafo aparte para la música: entre otras perlitas, el imperdible “madison” que bailan Fernanda Mistral y su cliente americano y, sobre todo, la música que compuso Astor Piazzolla para la peli.  Por otra parte, cuando la protagonista se decide a mostrarle el Buenos Aires “en serio” y no for export al visitante, lo lleva…¿a qué no saben dónde?: ¡pues a escuchar a Astor tocando el bandoneón, que, muy gustoso, aparece en la peli!.  Enjoy, amigos… no sin antes deslizar un comentario superficial pero de cierta precisión histÉ(Ó)rica: algo me llamó la atención y es el hecho de que tienen control remoto para la tele…¿alguien se acuerda de eso?, porque yo no lo registro como existente -al menos, masivamente- en 1963, cuando eramos, ¡ay!, tan pero tan modeeeeerrrrnos, che.

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by Princess!, su crítica servicial y en ruleros

by Princess!, su crítica servicial y                       en ruleros

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