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Un sueño

12 Dic

 

Die Angst

Tenia que hacer trámites; ¿era por eso que viajaba en el colectivo 115, repleto y caluroso?.  Tal como sucede en la realidad de los sueños, se hacía tarde: es que siempre se hace tarde en los sueños. ¿Hacia dónde viajaba?.  De pronto me veo en la Avenida Santa Fe, aunque estoy en la vereda, y no se cuándo ni cómo, exactamente, bajé del colectivo. Miro el número de la calle, estoy “al 1300”. La certeza de estar en el lugar equivocado me llena de angustia, ¿qué colectivo tendré que tomar ahora?, ¿qué hago en este exacto lugar?. Llevo agenda y papeles en la mano, “supongo” que “debería” estar en un lugar concreto, para hacer algo concreto: pero no se qué, ni dónde. Hoy es lunes y recuerdo, como en una bruma, ¡que tengo que trabajar a partir de las doce del mediodía!; sin embargo, ya está cayendo la noche. Entonces busco el teléfono para avisar de mi demora.  ¿Demora?: ¡pero si ya son las ocho y no llamé en todo el día!, ¿qué explicación podría dar?. Ensayo un discurso coherente, para darme cuenta al instante que no tengo ninguno; es que ni yo misma se por qué se hizo tan tarde, por qué no fui, por qué no me di cuenta antes.  Ahora estoy, otra vez -o quizás la misma y todo lo anterior no sucedió- en el colectivo 115; siento un poco de alivio, parece que ahora sí tengo idea de hacia dónde me dirijo y por qué: es tarde y las calles están más tranquilas; ¡qué suerte, llegaré pronto!, pienso, como se piensa en los sueños.  Alguien grita, es un grito seco y corto; está muy cerca y miro: es un hombre no muy joven, mal vestido, despeinado. Otro hombre, más joven, lo toma del brazo y trata de calmarlo. ¿Por qué grita?, me pregunto.  El más joven le pide al chofer que detenga el colectivo, ¡con urgencia, imperiosamente!. Imagino que bajarán y el viaje seguirá su curso, pero no es así: es necesario que bajemos todos. No puedo encontrar razones para esto, tampoco los demás pasajeros; pero lo hacemos, como si fuera lo esperado, lo correcto, lo debido. Bajamos precisamente y ¿por segunda vez? frente al 1300 de la Avenida Santa Fe. Entonces me doy cuenta de que llevo bolsas de compras, son alimentos que necesitan congelarse.  Y digo “congelarse”,  no es suficiente el frío de la heladera.  Le pregunto a una pareja de pasajeros que conozco desde siempre en el mundo-sueño, si pueden guardármela en su casa: ¿Tienen freezer?, ¿Pueden hacerme el favor?. ¡Con gusto!, me contestan y ya estamos en la casa de barrio adonde viven.  Lo extraño es que cuando más miro en las bolsas, más cosas aparecen; de hecho, aparecen cosas que no tenía ni idea de haber cargado. ¡Se hizo tardísimo y ni siquiera llamé a mi trabajo!. Mejor me voy y me llevo las bolsas.  Y ya estoy, nuevamente, en la calle oscura…   

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 by Princess!!, que no va al psiconalista porque es muy caro...

by Princess!!, que no va al psiconalista porque es                         caro

Correspondencia ¡inédita! Dra. Estela Artuá-Princesa García: sobre el amor y otras desgracias…

27 Ago
¡Entrega inmediata!

                  ¡Entrega inmediata!

 

 

 

 

 

 

 

AtenasdelPlata, todavía invierno, año del Señor 201…

 

                Estela, querida amiga: estas pocas líneas te alcanzarán, como casi siempre, en el enésimo Congreso de Entomología que cuenta con tu presencia y ¡solvencia! científika; hablando, o escribiendo del tema, más bien…¿qué tal Zanzíbar, pudiste pasear algo?.  Al margen, lamento que no hayas podido conocer Samarkanda y me refiero al cambio de sede, pero seguro que no te faltará oportunidad, ni otro plomífero congreso organizado a tal fin, o sea, viajar un poco al divino botón y con todo pago.  Así que pretendo amenizar tus ya agitados días con estas líneas, en la espera de tu regreso ¡triunfal! a la ciudad que nos vio nacer, así nos comemos unas pizzas en El Mazacote, de Chile y San José, en la República de Monserrat, o desayunamos en Ouro Preto, variándonos por la Avenida Corrientes, que ¿nunca? duerme y siempre está sucia. Yo estoy más que bien, Estela y, no quiero cantar victoria, pero creo que libre de las desgracias del amor… ¡tan luego yo, que nací “de novia” y/o casada!: no sólo dejé atrás por completo el affaire André, que no merecía ni el recuerdo ese tarado al cubo, sino, y lo más importante, es que ya no sólo no “necesito” sino que ¡ni siquiera “busco”! el amor de un hombre. Esto es fundamental porque, justamente, el peligro de buscar consiste en su fin, o sea, encontrar lo que se busca, que es, ahora me doy cuenta, algo que no deseo ni siquiera en su mínima expresión. Este concepto, esta realidad existencial, ha dado frutos impensados: acepté la Secretaría General de la Internacional de las Modernas Chicas, a la que tanta veces me resistí, retomé mi Curso de Filosofía für Chikas Only -este año nos metimos con Kierkegaard, Kant y Héctor Gagliardi-, dí un impulso inusitado a mi Correo Sentimental en la revista de La Mujer Moderna, retomé mis estudios sobre Derecho Internacional, la meditación Zen, la gimnasia sueca y las clases de repostería y tejido a dos agujas, inclusive. ¿Habrán terminado por fin mis males de amores?: Sí, ya que esto sólo depende del deseo, amiga, que por fin y a la vuelta de la vida, cumplo y sirvo hasta su última conclusión lógica.  Barrunto estas reflexiones, querida Estela, mientras camino en el atardecer perfecto de mi barrio al sur, que ya, pero ¡ya! anuncia la esperada primavera porteña. Te abraza tu amiga del alma, no sin antes enviarte un audio…  

Princess!!

 

 

 

tres sueños

14 Ago

 

UNO

Hacía trámites en un juzgado. “De pronto” me daba cuenta de que no sabía si tenía que pagar tasas o no y preguntaba a los empleados: parecían no registrar ni siquiera mi existencia.  Me veo llorando en el mostrador de Tribunales, completamente desesperada, pero ni aún así me registra alguien.  Pregunto, angustiada… nadie me contesta.  Un colega me dice: “Sí, corresponde pagar tasa judicial, más exactamente $2048”, y me anota la cifra; le agradezco muchísimo. Estoy sentada esperando, algo más tranquila, llevo un niño en brazos, aunque no es mi hijo. Me detengo a mirar las personas que comparten la espera, por lo visto para pagar algo, como yo, entonces veo a mi padre, interrogándome con la mirada: “¿Quién es ese niño, qué hacés aquí?”, parece decirme sin hablar y siento temor por sus reproches.  Después me acuerdo de que está muerto y eso parece tranquilizarme, aunque parezca absurdo y pregunto sin preguntar “¿Pero vos no estabas muerto?”.  Entonces recuerdo la cifra que me indicó el colega, especialmente las últimas dos, el número 48.  ¡Con razón!, pienso, ¡si es el muerto que habla!.

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DOS

Por alguna especie de milagro incompresible, visito XX, país en el que viví en un pasado ya remoto y al que nunca regresé. Estoy con otras personas, quizás amigos queridos, no lo sé. Sin embargo pregunto por el precio de los cigarrillos, dato sobre el cual no tengo la menor idea. ¿Serán más caros que allá?, “pienso” en clave sueño, sin preguntas, sin sonido, sin hablar.  Y parece ser lo único que me interesa o preocupa seriamente.

˜

TRES

Estoy en casa, preparándome para salir: tengo un turno médico ¡importantísimo! y muy esperado, quizás para mí, quizás para un hijo.  D. también está allí; mientras, me baño y arreglo atenta a la hora, ¡es que apenas tengo el tiempo suficiente para llegar puntual!. Después de bañarme y tranquilizar a D., preocupado por el correr del tiempo-sueño, que parece ir muy rápido, me pongo un desodorante en aerosol que lleva el nombre de un desinfectante de ambientes. Por lo visto, también fabrican desodorantes corporales, “pienso”; no lo sabía, aunque confío en una marca tan tradicional y prestigiosa.  Sin embargo,  apenas pasados unos momentos veo que el espejo del baño, sus paredes cubiertas de azulejos, incluso mi cuerpo y el resto de las paredes y ventanas de toda la casa, se llenan de horribles manchones negros que, como hongos de una pelicula barata de terror, ocupan las superficies y crecen sin parar.  “¿Qué tiene este desodorante?”, digo sin hablar en el idioma de los sueños mientras miro a D. que está algo sorprendido.  Es extraño, pero no me inquieto demasiado, ¡al contrario!, comienzo a limpiar todo con un trapo de cocina: “Debería pasarle agua con lavandina” comento con D. mientras las manchas oscuras y pegajosas invaden todo. Y comienzo a hacerlo. Discuto con D. y es ésto lo que me inquieta mucho más, siento una tristeza infinita.  “Si te ponés a limpiar vas a llegar tarde, ¡hasta podés  perder el turno!”, me dice sin decir; pero yo sigo y persisto hasta que me doy cuenta de la extensión y lo inquietante del desastre, incluso, en mi propio cuerpo. “Es que no puedo irme y dejar todo así”, contesto sin voz, en el sinsonido de los sueños.  D. se inquieta todavía más, reclamándome. Entonces asumo que pediré otro turno, mientras las manchas siniestras no dejan de crecer. ¡Es que no quiero pelear con D.!, no entiendo cómo no entiende.

 

 

Φ

 

 

by Princess!!, supuesta psicoanalista de barrio tanguero...

by Princess!!, supuesta psicoanalista de    barrio tanguero… y se trata de Freud         niño, ¡sin habano!, ni siquiera de chocolate

 

 

 

Un café porteño, ¡a la antigüita y sin chamuyo!: Ouro Preto

26 Jun

♣HOY♣

Reliquias porteñas

 Ouro Preto o el café…¡como se debe!

 

by Princess, su corresponsal gastronómica en la Atenas del Plata

by Princess, su corresponsal gastronómica; nota ¡exclusiva! para el PETIBONIAN TIMES

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“La ra la la la la la la la lalalala… la ra la la la la la la la lalalalá…“, ay, ¡pardon, Entschuldigung y sorry, queridas amigAs!; me pescaron tarareando (¿o laraleando?) la canción que, supongo, habrán reconocido inmediatamente. ¿Cómo que no?, ¿o no se dieron cuenta que se trata de “Moliendo café”?.  Es que, a propósito de clásicos, hoy tengo el gusto -nunca mejor dicho- de invitarlos a uno de esos “lugares para tomar café” de los que pocos quedan en Bi Ei, capital de nuestra perfumada republiqueta Argent… digo, Petibonia. Ustedes me dirán, bué, “Cafés hay muchos en la Atenas del Plata”; sí, obvio, aunque quizás no me digan nada pero déjenme suponerlo como recurso literario y hasta periodístico.  Así es nomás, cafés hay muchos, pero “lugares en los que tomar un buen café es el leitmotiv”, de esos, ya no hay tantos, que todo se lo ha llevado la moderna vida. OURO PRETO es uno de esos lugares maravillosos, agujeros negros del tiempo y del espacio que todavía sorprenden por su permanencia: y me adelanto, porque el café ¡vale la pena!, es riquísimo y una razón EN SÍ MISMA para sentarse en la vereda de Corrientes casi esquina Talcahuano o para entrar, directamente, a un “establecimiento”, como antes se decía, en el que, el café bien hecho y bien servido es un culto todavía. Da gusto sentarse en OURO PRETO; si bien ha sido modernizado, al menos tal como lo recuerdo desde la bruma de la infancia, cuando mi padre, antes de llevarnos al teatro o al cine, despuntaba el vicio de tomarse un buen café en el mostrador, -¡altísimo, tanto que yo me ponía en puntas de pie para tratar de ver algo de ese mundo ajeno a los niños!-, conserva, decía, un estilo muy clásico, muy madera, muy elegancia porteña a la antigüita: el olor ya es magnífico y, apenas entrar, podemos encargar un cuartito de buen café que nos muelen al instante… bué, eso si tienen los morlaco$, che, que el café es un lujo casi casi asiático hoy en día. Pero Princesa no desespera, y si hay mishiadura, ¡que no se note!: nos queda el recurso muy accesible de tomarnos un CAFECITO DE FILTRO, ¡exquisito!, de paraditos nomás, en el mostrador, por apenas poco más de U$S 1.-; incluso, si cobraron el aguinaldo, -chikas, estoy tremenda con la crítica social-, pueden acompañarlo con una medialunita de elaboración propia, que la pastelería también es muy buena y eso… ´por unas moneditas más. ¡Princesa no se achica ni aún achicándo$e!: por eso, me dije, vamos a darnos un gustito, un poquito caro aunque no tanto para los parámetros de la Avda. Corrientes, que, si bien nunca duerme o quizás por eso mismo, ¡suele ser cara, muy cara! y no siempre vale lo que cuesta. Es que, después de todo, un MAL CAFÉ cuesta casi lo mismo que UNO BUENO.  Me pedí un cortado en tacita larga que vino acompañado de un buen vaso de soda y una rica cosita dulce; pero, lo más genial, vino servido por mozos amables y PRO FE SIO NA LES, o sea, ¡una especie en extinción!, esos mozos a los que da gusto dejarles una propinita, por modesta que fuere: vestidos con camisas blancas, ¡impecables!, bien peinados, con corbata, zapatos y delantal al tono, lo mismo que la madura señora encargada, ¡preciosa, diligente y atenta a cada detalle!.  ¡Pucha!, si hasta la taza y el platito con virola dorada son un placer en sí mismos.  Eso sí, caso de disponer de unos mango$, pueden desayunar -un excelente desayuno muy completito sale por unos U$S 7.-; ¡vamos!, no sean amarretas e inviten un día a una amiga, un amigo y hasta un amor-, fuera de que hay una linda oferta de sandwiches, ensaladas y propuestas muy porteñas, muy clásicas, muy honestas y ¡nada tilingas!.  ¿Prefieren un chopp bien servido?: pues cuesta lo mismo que en un pinche bar pistola, o sea, unos U$S 2.60; si hace calor se sentirán muy cómodos con el estupendo aire acondicionado mientras degustan un clásico Mazagrán o un Ice Cream con toques de café, helado de vainilla, crema batida y granadina. Ni qué hablar de que, con la llegada del invierno y como punto de encuentro, OURO PRETO es ¡perfekto!. Disfruten de estos lugares que ojalá nunca desaparezcan, que los gustos hay que dárselos en vida (obbvvio, miren si nos vamos a dar gustos cuando ya estemos mirando los rabanitos…¡desde abajo!) y ¿quién puede negarse, por más ahorrativas crisis style que estén/emos, a tomarse uno de LOS MEJORES CAFECITOS DE LA CIUDAD, -en la mesa y expreso, por unos U$S 2.- a U$S 2.50.- en el ¡divino! Ouro Preto?.  Nadie, por supuesto…

 

¡Glup! o el disfrute infantil en Avenida Corrientes al 1300

¡Glup! o el disfrute infantil en Corrientes y           Talcahuano

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¿”Alfajores”?: What is that?; ¡Exclusivo, para el Petibonian Times!

14 May

-HOY-

Tips gastronómicos y otras pavadas Princess style

 

 

 

"Capitán del Espacio": leeejos, el mejor alfajor Nac&Pop de Petibonia

  “Capitán del Espacio”: leeejos, el mejor alfajor Nac&Pop de Petibonia

 

 

¡Queridas amigAs! -y nadie más-:  apenas chismorrearles que en uno de esos días grises y fríos de la Grande Babylon del Sur, yendo a ¡los piques! hacia mis múltiples obligaciones laborales, periodísticas, políticas, literarias, de las otras y/o “aparentemente-así-pero-en-realidad-al-divino-cohete”, dí, sobre la populosa y muy oficinesca Avenida Diagonal Norte (ya mencionada por el gran bardo petibonés, Carlitos Gardel… “¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes!, ¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal!. Alguien me ha contado que estás floreciente y un juego de calles se da en diagonal…”), dí, decía, con uno de esos locales a la antigüita, muy city style, muy de Santa María de los Buenos Aires, que venden caramelos y golosinas, a veces tés y cafés.  Los ofrecen en tremendos canastos repletos de chocolates, bombones, turrones, galletitas; si son más sofisticados tienen buenas marcas de importados, en fin, el paraíso de lo que no se debe comer en abundancia pero amamos, especialmente en invierno. Por supuesto y como corresponde al gusto petibonés, hay alfajores de toda laya, precio, suerte, sabor, origen y color.  ¿Vieron que ahora hay una onda de alfajores industriales ancche “gourmet” -algunos muy buenos, otros no tanto-?, ¡y no son nada baratos!… bué, pues mi entrenada mirada, entre nac&pop y poca guita, al toque descubrió un canasto rebosante de alfajores de chocolate “Capitán del Espacio”: ¿qué decir?, naaaaa, son los mejores, sin duda.  Curiosamente, no pertenecen a la casta elitista de los “gourmets” y se consiguen, al menos aquí, por apenas U$S 0.70, por decirlo en lenguaje universal; si lo expresamos en argie básico y al día en que estas líneas escribo, unos modestos y muy proletarios $10 unidad sudaca.  ¡Glup, amigas!, y a la miércoles con la culpa por los rollitos…

by Princess, su corresponsal gastronómica en la Atenas del Plata

    by Princess, su corresponsal    gastronómica en la Atenas del    Plata, ¡y gratis!

 

Correspondencia ¡inédita! Princesa García-Dra.Estela Artuá//¡Exclusivo!, para el Petibonian Times

17 Mar

 

¡URGENTE!

    ¡URGENTE!

 

 

 

 

 

ReinadelPlatavenidaamenosperomal; Otoño de 201…

Querida amiga, Estelita:

                                                             Oka, estás recerca, aquí nomás, en Quemú-Quemú y disfrutando de un “merecido” descanso -como se estila decir apelando al enésimo lugar común- de tanto congreso, de tanto viaje a las selvas profundas, de tanta actividad científika.  Lo mismo es lindo escribirte y sentarme a esperar el correo, mientras tomamos mate con las chikas de la Pensión, en el fresco patio de la vieja casona de Monserrat, rodeada de malvones en latas de aceite La Malagueña.  Me estoy ocupando de las plantas por encargo de Doña Chola, -que está de viaje- y eso me hace bien.  Bué, no se si “me” hace bien; le hace bien a las plantas, eso sí, y a mí me permite interrumpir las lecturas, los estudios, la redacción de las notas para “La Mujer Moderna”, -¡como siempre, atrasada y entregándolas sobre la hora de cierre!-, pero, sobre todo, me permite olvidar.  Como verás, una forma de unir lo útil a lo bello, la vida vegetal al sentimiento de una pérdida irreparable, amiga: ¿Tengo un hogar, acaso?.  No, no tengo un hogar… y si es que alguna vez lo tuve o creí tenerlo, eso sucedió hace tantos kalpas, tantas lágrimas y tantas tristezas de mina, que ya perdí la cuenta.  La cuenta del tiempo y de las lágrimas.  Ya se, me dirás que mi hogar es la pensión, las chikas, vos misma, mi trabajo, la secretaría de la Internacional de las Modernas Chicas, mi sección del Correo Sentimental de “La Mujer Moderna” -esa sí que es la paradoja de las paradojas, ¡si mis lectoras supieran de mis desastres de amoorrrrr!-, las pequeñas y grandes cosas de la vida y bla bla bla bla. No te ofendas, amiga, de algún modo todo esto es cierto y, de algún modo también, es apenas un triste consuelo ante la ausencia de André. Un tarado importante, después de todo y una gran liberación el no tenerlo cerca, pero lo mismo sufro.  Y es que yo también soy una tarada importante; es claro que nunca taaaan tarada como él, eso sí. Algún filósofo -y esto me recuerda el imperativo kantiano de retomar, sí o sí, nuestros Curso de Filosofía für Chikas Only, ¡che!; se me ocurrió, hablando de todo un poco, enfocarnos en la Filosofía del Derecho y encarar nomás a Hobbes, no sé qué onda, ¿qué decís?, sería para la segunda mitad del año, podríamos leer “Leviatan” y profundizar en la Teoría del Estado- , decía,  que algún filósofo mencionó por allí… ¡ay, ya no recuerdo lo que te quería decir ni lo que mencionó el filósofo!, pero no importa, supongamos que es una “reflesión” mía: dijo que cuando se acerca la vejez nos replanteamos muchas cosas, un poco al divino botón, por supuesto, ya que, como estamos más viejos, no podemos hacer mucho más que lamentarnos por lo boludos que fuimos.  Pero no quiero caer en eso, Estelita, no haría más que acentuar mi tristeza.  Mudarme me hizo bien, con todo: viviendo en la calle que nunca duerme -la Avenida Corrientes- comprobé que lo del tango es ¡cierto!: Corrientes es triste, quizás por ese contraste que dan las luces, el gentío y los teatros con la realidad real de los tachos de basura, las familias que duermen en la calle, la mugre y hasta de mi propia tristeza al volver del laburo molida, sola, fané y descangallada para llegar a la que entonces era “mi casa”. Estoy mejor en la pensión y regresé a instancia de las chicas, que se asustaron de mi soledad; aquí y a pesar de los pesares, compartimos charlas, mates, un buen puchero cuando llega el frío, galletitas que suelo hornear por las tardes y ¡como no!, algunas copas de un vinito conversador, un buen fasito . Y ahora que te escribo todo esto y lo releo antes de cerrar el sobre y llegarme hasta el correo, me pregunto inquieta: ¿De qué me quejo, quien quiere “hombres”?. Para contestarme al toque, vencida: ¡Yoooooooooo!. ¿Estarás aquí el domingo?: porque es el día del peor bajón. Como siempre, te pido alfajores: tomamos unos mates y nos vamos a pasear por el barrio donde una famosa Flor -de Monserrat, precisamente- languideció por amor, ¡la muy sometida!  Te saluda, tu amiga sin alma ni amor.

 

 

 

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by Princess!!, en el colmo del bajón tanguero...

by Princess!!, en el colmo del             bajón tanguero..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Otra carta “final”… porque es Diciembre, amiga: “I have a dream”

9 Dic
¡Entrega inmediata!

¡Entrega inmediata!

 

 

 

 

 

 

 

Ciudad de la Furia, en el luminoso diciembre pampeano

 

 

                 Querida y lejana Estelita:

                                                                         ¡Qué linda que estás!, tal como dijo el gran filósofo de nuestras tristes pampas, Ph.D. Leo Dan.  Y yo te lo repito, viendo las preciosas fotos de tu estancia en Chascomús, ese destino exótico que elegiste para pasar las fiestas de fin de año.  Digo “fin de año” y me quiero colgar de las pestañas, Estela; incluso, hacerme el harakiri con una galletita húmeda, amiga. Después recuerdo las palabras del gran Leo, esa filosofía práctica que ¡adoro! y con la que acuerdo totalmente, al menos en teoría y cuando no se refiere a mí: “En la vida siempre hay solución”.  Lo raro es que, en sus famosos escritos, L. Dan se refiere al novio de tu tocaya, “Estelita”…¿qué habrá querido decir?, me pregunto inquieta.  Pero bué, dejo esto a los expertos en filosofía, antropología, masoterapia, psicoanálisis, macramé y decoración de tortas, ¡es demasiado para mí, especialmente a esta altura del año!.  Vos sabés, ¡fue un año plagado de tristezas, bajones y fracasos!: suspendí los Cursos de Filosofía für Chikas only porque no podía con mi alma, eso y a pesar de todo lo que las quiero, de las ricas tortas que llevan y de los numerosos pedidos de las amigas de la Internacional de las Modernas Chicas! -a cuya Secretaría también renuncié, en uno de mis arranques maníaco-depresivos-.  Y es que estoy más vieja, querida Estela, ¡o simplemente vieja!, no tengo un mango partido por la mitad a pesar de que vivo laburando, estoy sola, fané, descangallada, -eso sí, no salgo de los cabarutes a la madrugada, después de copetearme con champagne, ¡pero es lo único que me falta!… por suerte, es una costumbre cara- y sobre todo, amiga, estoy sin el amor de, digamos, sin el amor de… bueno, sin el amor de ¡alguien!. Después me pregunto, “tipo” haciendo de necesidad virtud, ¿por qué tendría-que-tener-el-“amorrrrr”-de-alguien?.  No obstante, la reflexión no me dura muuuuucho que digamos; se ve que curto una filosofía barata in extremis, porque, pasado el rigor de la pregunta, ¡me importa un pepino responderme racionalmente!. Y queda en pie la soledad, amiga, así que esperame el primero de enero para tomar mate en chancletas al borde de la laguna y comer el pan dulce que quedó, ¡lo que más amo de las fiestas!!. Planes para el año próximo, no tengo, como es evidente; ¿para qué?, después no hago nada y me siento peor. Consuelo, en fin, eso sí tengo: ¡mi escritura, Estela!, ¿qué sería de mi vida si no pudiera escribir boludeces?. De hecho, estoy pensando en retomar mi Correo Sentimental en la revista, total, ¿qué saben las mujeres sufrientes que me escriben de mis tribulaciones existenciales?.  Yo tengo un sueño, amiga, y hasta te lo puedo decir en inglés: I have a dream, Estela.  Sin embargo, estoy a punto de desistir de él,  no sea que se convierta en pesadilla: se trata del amor de un hombre; ¿qué tipo de hombre?, te preguntarás… ay, bueno, ¡tampoco la pavada, Estela, no me pidas taaaanto!,  supongo que el primero que me dé bolilla, ¡obvio!,  que lo demás son pequeños detalles. ¿Será eso posible, todavía?.  Mejor no me contesto y me voy a hacer unos mates, che, sin siquiera revisar estas líneas que te hago llegar a vuelta de correo;  después arreglamos los detalles del viaje, el alojamiento, la lista de todo lo que tengo que llevar, el filtro solar, la lona de playa y los pañuelos de papel.  En cuanto a todo lo demás, se autodestruirá en apenas cinco segundos…¡me mu-e-ro si estas líneas trascienden de algún modo!, así que te pido discreción, amiga.  Es que, todavía y a pesar de todo, ¡me debo a mi público lector!, o… a mi ¡públicA lectorA!, creo que ahora se usa decirlo así; bué, como fuere, pero no digas nada y pasame la lista de lo que quieras que lleve, ¡aparte de mí!.  Te abrazo, como siempre… 

PS: ¿Te llevo “Ser y Tiempo” de Heidegger para la reposera o cambiaste de opinión?

¡Princess!

 by ¡Princess!

 

 

 

 

 

otro (sueño)

20 Sep

 

 

Llegábamos a una ciudad.  Una de sus antiguas costumbres, algo extraña y que la hacía inconfundible entre multitud de otras ciudades y pueblos, consistía en que todos sus habitantes (¡todos!, varones, mujeres, niños, viejos, jóvenes) “debían” usar sombreros cuando salían de sus casas y trabajos.  Por eso las calles, llenas de vida, cobraban un aspecto extrañísimo en las horas de mayor actividad: el ingenio humano se manifestaba en infinitos diseños atiborrados de color, de flores, frutas y plumas y hasta de los objetos más insólitos como tornillos, recipientes extranísimos, cucharones y espumaderas. Te pregunté por el nombre de la ciudad:  “Cubierta“, me dijiste. Pero tu voz sonó triste, como perdida en la distancia.

 

by Princess!, que también apoliya...

by Princess!!: porque las princesas, también duermen…

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