Archivo | Los papeles de Princesa García RSS feed for this section

Lacaniana y sometida: ¿Por qué siempre sueño con hombres?

19 Jul

 

Un (1) sueño

 

Era algún lugar, centro comercial, arrabales de una ciudad o ruta que no eran los míos: y era un vernissage, la inauguración de una exposición, ¡una “exposición” de algo que yo hacía!.  No sabía muy  bien de qué se trataba, pero sí que era “algo” que podía verse, como si fueran cuadros colgados en una pared iluminada.  También podían ser otras cosas, aunque bidimensionales: textos, fotos, dibujos, telas, texturas, hilos, botones, retazos, pequeños objetos cotidianos o todo eso junto.  Yo esperaba a D. su compañía y por supuesto, su juicio. ¡Había tanta gente, un ambiente de cocktail!, mientras yo circulaba muy tranquila y el mundo parecía estar en orden. En el “de pronto” de los sueños, veo a E. ¿Qué hace aquí, cómo supo, cómo llegó?, me pregunto mientras razono que si está E. seguramente estará J. ya que son amigos desde siempre.  ¡Pero J. está muerto! y la realidad se cruza en mi sueño: será por eso que no lo “veo”, pero yo se que está.  E. parece joven, como entonces, y al mismo tiempo, distinto: lleva puestos sus eternos anteojos y observa muy atento uno de mis “¿qué?”;  ¡ni yo sabía qué era lo “expuesto”!.  Sin embargo, eso no me inquieta para nada; me pregunto si yo no estaré en USA, esto por lo notable de que estuviera presente E. quien vive allá.  Como fuere, estamos en el mall de una carretera desconocida, quién sabe cómo llegué hasta ahí para mostrar quién sabe qué…

 

  • 

 

 

    by Princess!, su pseudofeminista culposa de                                 confianza…

 

Anuncios

Un sueño en dos partes

10 Jun

 

 

Frigg: esposa de Odin y madre de Balder; diosa del cielo que sabía "leer" los sueños

  Frigg: esposa de Odin y madre de Balder; diosa del cielo que sabía “leer”  los sueños

 

 

1.

Estaba en T. cuando, en un precioso y arbolado parque ví una especie de circo.  Me acerqué: era un loco, raro circo, ¡un circo de sueños!. Los artistas se vestían y preparaban a la vista del público ocasional. Sentí curiosidad, a pesar de tener cierto apuro, como siempre se tiene en los sueños mientras no llegamos adonde originalmente debemos llegar porque mil interferencias nos distraen. Como es de rigor, el circo tenía un Director que también oficiaba de Maestro de Ceremonias, al estilo antiguo; era un hombre de unos cuarenta, cincuenta años, algo gastado y de mirada triste; no obstante, todavía hermoso.  El circo no lucía muy floreciente, la función quizás no demasiado buena, pero, por las insondables “razones” del mundo de los sueños, yo me quedaba, hasta el melancólico final. Cuando la función terminó, los mismos artistas, ayudados por algún que otro trabajador, comenzaron a desmontarlo.  Sin poder comprender cómo, cuándo ni por qué, una gigantesca grúa se acercó al lugar; su objetivo era cargar una estatua que parecía formar parte de la escenografía del circo, aunque yo no había reparado en ella. ¡Era tan grande y tan alta, que apenas llegaba a alcanzarla levantando la vista al cielo!: “Quizás sea un dios griego”, pensé, tomándolo por Zeus o alguien tan importante como él. Pero al subirla con gran trabajo la estatua se desarmó y partes inmensas, pesadas, tal vez de piedra o de mármol, cayeron ruidosamente al suelo. Extraño, pero no me moví ni sentí miedo, ni siquiera cuando lo que parecía un brazo rodó tan cerca que pude tomarlo con las manos; sin embargo y para mi sorpresa, era un trozo de madera o quizás una rama. Entonces sucedió lo fatal: el dios perdió la cabeza, que cayó entre nubes de polvo. Pero a nadie parecía preocuparle mucho …  sin más, estoy en un salón, como si fuera el de un viejo club de barrio, acomodada en la barra de una cantina despintada, un manchado espejo al fondo y estantes repletos de botellas con borrosas etiquetas, llenas de tierra: detrás y atendiendo, el Maestro de Ceremonias del circo. Me preguntó con mucha familiaridad qué iba a tomar y pensé:  “¿Entonces me conoce?”, porque yo no, si apenas lo había visto por primera vez un rato antes, cuando me detuve frente al circo. Pero, de algún modo insondable, como sucede en los sueños, me “conocía”, algo muy inquietante, casi un misterio.  Sin más entendí todo, sin más y sin saber muy bien qué entendía: entonces y para mi propio desconcierto, me acomodé a los hechos, más allá de cualquier razón, sin dudar. “Si registro a esta persona, si de algún modo, como parece ser, hace parte de mi vida, tendré que abandonar todo lo demás”.  Aunque no sabía bien qué era “todo lo demás”, tal vez, otro sueño…

 

 

 2.

Me voy de esa especie de circo algo delirante y decadente (¿dónde quedó el viejo bar?, ¿y el Maestro de Ceremonias? ) y sigo caminando hacia F., pensando en todo lo que antes había sucedido. Tenía sólo una hija, C.  Era pequeña, todavía en el jardín de infantes.  Yo tenía que buscar un raro juego que había llevado antes a la escuela; los otros niños habían jugado con todo esto, algo así como complejas piezas para armar, de formas irregulares y exóticos colores. Pero, al intentar retirarlo, sobrevendría mi dilema: si iba, como al fin lo estaba haciendo, encontraría inevitablemente a la maestra, a quien pretendía evitar. Aún así, fui y comencé la tediosa tarea de desarmar y juntar las piezas desparramadas por el aula, delante de ella y de los demás niños. Es que C. no quería volver a la escuela y de hecho, no estaba yendo. Yo tampoco quería que volviera. Pero la maestra, como era de esperar, me vio y dijo: “No se vaya, señora; necesito hablar con usted”. Hubiera querido ser la ausente, la que no existía, la invisible… ¡no quería hablar!, pero me rendí ante lo obvio y mentí: “Sí, no hay ningún problema, hablamos cuando termine” (¡qué remedio!); entre la indiferencia de los niños, ordené y guardé todo el juego.  DERIVA:  Mientras caminaba hacia el jardín de infantes, un hombre, canoso pero joven aún, me cruzó en la calle; llevaba en sus manos tres pedacitos de queso fresco envasados en el clásico papel film. “Qué caro está el queso”, me dijo, “Esto es lo que conseguí comprar”. “Tengo quince hijos: trece propios y dos que son del personal de servicio, pero viven con nosotros, como hijos”. “¡Asombroso!”, pensé, yo, que no podía concebir las complejidades de semejante situación. Él siguió con su relato: “Compré quince camas a $1000 cada una y todos los hijos, para que aprendan el valor de las cosas, tienen que contribuir con una moneda de $1 por día para solventar el costo de sus propias camas”. “¡Qué organización!”, pensé: “Una extraña familia”, y seguí mi camino rumbo a la escuela…

 

 

 

 

by Princess!, siempre o casi, entre los brazos de Morfeo

Cartas amarillas: Correspondencia Artuá/García -absolutamente irrelevante, ¡por supuesto!-

25 Mar
¡Más que Urgente!

                         ¡Más que Urgente!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Divina Bi Ei, lejano sur; otoño 201…

 

 

Querida y  -nunca mejor dicho- “vieja” amiga:

 

                                                                                            Me mata saber que estás en Ciudad Ho Chi Minh; verdaderamente lejos, algo así como “donde el diablo perdió el poncho”, aunque es obvio que no usan ponchos por allá, ¡con el calor que hace, faltaría eso!.  Te alcanzarán estas líneas, Estelita, así, material y físicamente: escritas a la vieja usanza, sobre papel y con lapicera a cartucho color azul lavable. ¡Tardarás semanas en volver, lo sé!: conferencias y encuentros científicos, viajes de exploración  por el río Mekong, expediciones a la selva profunda en busca de ejemplares de los temibles mosquitos gigantes y así por el estilo; en fin, tu siempre intensa agenda, ¿mechada con alguna canita teñida al aire, may be?, después de todo, ¡los cientificos también son seres humanos! y quizás por eso mismo, -se cuánto extrañás el barrio-, entiendo que disfrutarás de chismes, de “reflexiones” que no aportan ni sirven para nada ya que no las llevaremos nunca a la práctica y por supuesto, de las infaltables, infinitas, decadentes y consabidas “quejas” de amor.  Comienzo con una mezcla de planes para el futuro, -retomar ciertos estudios y escribir ¡al menos!, una columna semanal en la “Moderna Mujer”-, y mis actuales progresos en las clases de tejido a dos agujas y crochet.  Dejá en suspenso lo del tejido -voy muy bien; apenas llegues tengo que tomarte las medidas, y espero llegar a tu cumple con el pullover prometido-  y concentrate en esta noticia ¡bomba!:  la publicación, en breve y al fin, de mi columna semanal porque, Estelita, ¡cerré contrato con la revista! y, aunque se que no tiene un, digamos, un graaaaan público, me emociona volver al ruedo, dentro de la modestia del emprendimiento. Sabrás que en todas o… bueno, en casi todas las peluquerías del barrio, la revista tiene su fiel y selecto público, algo escaso, por cierto, pero muy crítico.  ¿O tal vez se dice “pública”, “públic@” o  “públicX” o “públicE”?.  Ya está, me tomó la angustia,  ¿ves lo que te digo?: entiendo que estoy algo desactualizada, y eso me tiene inquieta; en fin, ¡ya me iré poniendo al día con las modernas novedades lingüísticas!.  Pese a la insistencia de la secretaria de redacción no quise retomar mi tradicional “Correo Sentimental”: como creo haberte comentado en más de una carta, me resultaría insostenible y hasta ridículo escribir hoy sobre temas de amor, desamor y soledad; esto obedece a la simple razón de que, en algún momento de nuestras vidas, especialmente cuando todo nos sale mal y muy especialmente cuando todo y todo(s)  nos habla(n) de nuestro enésimo fracaso amoroso, es tiempo de cambiar de frente y escribir, por ejemplo, sobre cocina, tejido, bricolage, decoración, filosofía, política internacional, feminismo, literatura, finanzas y cositas así, ¡más livianas!.  Estela, necesito que me ayudes, pero ¡que me ayudes en serio!: en una semana será mi primer entrega y el asunto es que no puedo escribir absolutamente nada.  Por favor, te pido que  no me salgas con el asunto de la  “angustia de la hoja en blanco”  y  menos aún con tips de autoayuda, pensamientos positivos, rezos, reiki, esencias florales y sesiones de yoga.  Pensé, en cambio, que podrías darme alguna/s idea/s, obviamente vía mail o whatsapp.  Incluso, ponele, que no me des taaaanto como una idea; son escasas, por no decir verdaderas rarezas y bajo presión, es improbable que se nos descuelgue alguna; pero Estela, ¡pasan los días y rompo todo lo que escribo!, -que es espantoso, por otra parte, así que  no me arrepiento- y lo peor es que nada, absolutamente  nada, ni siquiera una palabra, una imagen ni mucho menos tres palabras juntas consigo recordar al día siguiente.

 

     En la pensión ya casi no hay gente: muy especialmente compañeras, como bien solíamos tener.  Así y todo debo reconocer que  Doña Chola lleva su viudez con mucha entereza, es más, casi casi me parece que con demasiada (entereza); la veo rejuvenecida y muy sociable, aunque siempre fiel a sí misma, trajinado la cocina, el patio en sombras y regando los malvones en sus eternas chancletas.  Mateando en uno de estos días, comentábamos, ¡justamente!, lo vacía que está la pensión; como te podrás imaginar ensayé una “teoría”: la causa de todo esto es que como la gente va cada vez menos al cine, ¡y muuucho menos a ver películas argentinas!, las pensiones de estilo clásico, por así decirlo, o a la antigüita tipo la de “Rosaura a las diez”, van desapareciendo; creo que hasta llegará el día en que se desvanecerán en medio de la indiferencia del mundo, que, como bien sabés, es sordo y es mudo.  Paso mis días en soledad, entre el mucho trabajo de escritura y lectura y la nada misma; a excepción de alguna que otra oleada de tristeza la paso tan bien que me pregunto por qué busco el amor, por qué tendría que importarme.  Incluso estoy mejor y duermo repiola; cuando me bajoneo, me acuerdo del salame que ni nombrar quiero, ¡y se me pasa al toque!.  Pero no, insisto; parece que después de tanta bibliografía frecuentada, de tanto activismo en la Internacional de las Modernas Chicas, de tantas decisiones “inamovibles”, juramentos eternos,  experiencias desastrosas y affaires con chicas… ¡somos mujeres! y sabemos ¿querer?, incluso, al tarado más pintado.  ¡Pero basta por hoy!, no quiero salirme de la concentración que me impone la lectura de Hegel y su Filosofía del Derecho, un  clásico apasionante aunque algo plomo.  Y vuelvo a clamar por ayuda: tirame ideas pero ¡ya!.  ¡Un último pedido!, y es que no te olvides de traerme una caja de alfajores vietnamitas, ¿qué tal son?.  Amiga, la única verdá es la ficción, lo sabés perfectamente y nada ni nadie/”o”/”a”/”@”, menos un tarado que se fue con otra, -para abundar mucho más joven, linda, con guita y de vida rumbosa-  me impedirá escribir y llegar a tiempo con mi entrega.  ¿Falta mucho para que vuelvas?: te espero con unos mates y el  patio bien baldeado, ¡el otoño ya está aquí!, así que también podemos matear en la plaza, digo nomás, si querés…

 

 

Tu amiga que te extraña, P.G.

 

 

 

 

 

 Colección de cartas irrelevantes;by Princess!

Un fantasma recorre la Capital del Azúcar: ¡Yo!

4 Ene

 

-HOY-

¡Caminando por la ciudad sin ser vista!

 

by Princess; ¡Exclusivo!, para mí misma y ¡nadie más!

 

Duerme la mona y la siesta la ciudad que no me vio nacer: y es que llego en un lluvioso 1º de enero, día en el cual todo el mundo, es de esperar, duerme la mona y, como marca la tradición de la noble  Viena Calchaquí, ¡también la siesta!. Aquí tuve lo que se llama “una vida”, pero fue en otro tiempo, inconmensurable de distante, algo así como cien eones o trescientos kalpas más una semana y tres días.  Entonces yo no podía caminar ni una cuadra, en esta ciudad provinciana, sin cruzarme con algún conocido.  Hoy puedo hacerlo, y, aunque me cruce con algún “conocido”, si no le hablo, no me registrará y esto por el simple hecho de que nadie espera verme… como un fantasma:  en general, nadie “espera” ver un fantasma.  Recorro los lugares que puedo, los que la emoción me permite, no las casas donde viví, eso no puedo.  Yo tenía un sueño; ahora no, lo cual es un alivio; quedó todo tan distante, tan ajeno visto desde el hoy, que, si bien puedo entender que era “yo” entonces, no lo entiendo tanto. Me fui a las corridas, nadie lo supo, o casi. En medio de la desolación, pero eso tampoco lo supo nadie.  Habían pasado treinta años, o treinta días, o treinta eones desde mi llegada primera, pero ya no lo recuerdo…

 

••

 

 

 

Su corresponsal filósofa en ojotas, disfrutando  de  las vacaciones con amigas.

 

 

 

 

 

 

 

Llegó Diciembre… ¡Exclusivo, para el Petibonian Times!

4 Dic

-HOY-

Teoría General del Árbol de Navidad

 

by Princess!!, armadora compulsiva de árboles navideños

       by Princess!!, armadora compulsiva de árboles navideños

 

Amigas, lektoras de Petibonia y del orbe todo: ¡Ausente estuve, lo se!, son las exigencias de la moderna vida, qué remedio.  Justo es decirlo, tanto mis notas, producto de exhaustivas tareas de investigación, como mis sesudos comentarios, lecturas y críticas literarias, cinéfilas y hasta gastronómicas, así como mis arduos, complejos chismosos y algo superficiales cursos de Filosofía ¡sólo para chiKas!, no han sido muy abundantes ni destacados en este año… por no decir que ¡tengo en completo abandono, mis humildes escritos y hasta mis audaces incursiones por los cien barrios porteños!.  Es que la cruda realidad se ha impuesto: tengo que ganarme el mango -o los porotos, como prefieran- en esta ciudad cruel y la verdad es que me queda tan poco tiempo que apenas puedo bañarme. Pero no quiero quejarme ni perder esta preciosa oportunidad para llegar a TODAS; y dije “a todAs”, ya que, a pesar de estar en Diciembre y a las puertas de la Navidad, los representantes del “sexo débil” siguen y seguirán siempre excluídos de esta columna. Como ya saben, si un ejemplar algo machirulo se atreve a leerla, ¡se autodestruirá en cinco segundos!, quedan notificados, pibes.  Con todo, ni la peor carga horaria, ni el trabajo más intenso, ni el lavado de la ropa, los trámites bancarios, el pago de facturas, la peluquería, el zurcido de las medias y la limpieza de mi rancho, podrán evitar que encuentre el tiempo necesario para el armado -casi infinito, nunca concluso- del árbol de navidad. 

Si bien hoy, -principios de Diciembre- y habiendo “trabajado” desde mediados de Noviembre en mi querido y pequeño árbol (bueno, no tan “pequeño”; digamos que es mediano y luce bastante imponente apoyado sobre una mesita, tal como lo dispuse) pretendo dar por terminado su montaje, se trata, sépanlo amigas, de un proceso infinito… o casi.  Con todo, ¡esta columna es un servicio a la comunidad de las modernas chicas! y creo que puede aportar a la belleza, felicidad, practicidad y economía del hogar, amigas, la exposición y desarrollo de mi Teoría General sobre el armado y el montaje del árbol navideño doméstico.  ¡No arruguen bajo la presión de un agnosticismo fingido, a la moda, algo snob y tilingo, incluso!, ¡No se asusten del trabajo o del costo que implica armar un arbolito como se debe!, ¡No retrocedan frente a las críticas de intelectuales políticamente correctos ni de vecinas chusmas y envidiosas!.  Si bien el capitalismo cruel nos quiere convencer de que armar un arbolito implica, necesariamente, tirar a la basura todos los arreglos y adornos de años anteriores, incluso al mismo arbolito y/o contar con ingentes cantidades de dinero, la verdad es que un árbol o cualquier otro arreglo que alegre y de luz, color y belleza a nuestro entorno hacia el fin de año, puede resolverse con ingenio, tijeras, papeles metalizados, cintas, moños, cajitas recicladas y algún que otro modesto pe$ito.  Las posibilidades son infinitas: llegué a montar árboles utilizando ramas naturales y una multitud de angelitos y campanas apenas recortados en papel metalizado o sólo cintas de colores y moños. Nuestro árbol de la vida puede ser pequeño, mediano o más grande, natural o artificial, “inventado” y  construído por nosotras, “pegado” a la pared en ambientes muy pequeños y hasta lujoso e imponente, ¡lo que importa es que tenga onda, esté bien dispuesto, emane luz!: ¿conocen a alguien que entrando en nuestra casa o en otro lugar adonde haya un bello árbol no se sorprenda y alegre?.  Es obvio que si en la casa hay niños, la alegría se multiplica y podremos dejar allí los regalos, sus lindos dibujos, las tarjetas, y todo lo que se nos ocurra poner en esa noche mágica.  Porque se trata del tiempo mágico, el tiempo de espera del nacimiento de un niño y en él, de todos los niños del mundo.

Yo, que no soy ejemplo de nada, ¡lo aclaro por las dudas!, comienzo con mi tarea a mediados de Noviembre -que es el mes del Adviento, el mes de la espera de todo lo que vendrá-.  Y les cuento, de paso, que conservo mi árbol desde hace veinte años, la verdad es ¡muy gauchito! y no tengo por qué reemplazarlo: simplemente lo amo. Con el correr del tiempo se fueron acumulando adornos preciosos y rompiendo o deteriorándose otros, de modo que compro, arreglo y/o hago lo estrictamente nece$ario para reemplazar y renovar algunos de ellos, ¡nada más!.  De un año a otro conservo, incluso, las guías de luces, aunque también suelen deteriorarse con cierta facilidad “china”; entonces reemplazaremos una de ellas o todas si es necesario, pero nunca comprando tooooodo nuevo si desarmamos con cuidado nuestro árbol y lo guardamos adecuadamente y en un lugar seguro, así como también las luces y los adornos. Este año repuse moños, campanitas, y algún que otro adorno, pero recuerden siempre que un árbol puede armarse prácticamente con cualquier “cosa” que dispongamos con buen gusto y pasión: sólo cintas, sólo moños, sólo “bolitas” de un color o de varios, adornos de prácticamente cualquier material y lo que se les ocurra, ¡pero con onda!, que no hay nada más triste en este mundo que un arbolito lleno de tierra y armado a los apurones.  Sí, ahora que lo pienso hay algo más triste: el arbolito, los adornos y los carteles navideños que permanecen juntando tierra más allá de la primera semana de Enero, ¡eso sí que es un bajón!. Pero volvamos al punto inicial cual es “mi” TEORÍA GENERAL -aplicada al armado y montaje del árbol de la vida-. Como primero es lo primero, comencemos por el ÁRBOL -“en sí”, ¿recuerdan nuestros cursos sobre Hegel, amigas?-: si lo tienen guardado o compraron uno y hay que sacarlo de su caja y desplegarlo, tengan en cuenta que no se trata de una tarea menor sino ¡fundante! ya que si no lo abren y despliegan correctamente, el resultado será pobre. Elijan con cuidado tanto el lugar donde armarlo como aquel donde finalmente lo dejarán instalado, que no siempre es el mismo por razones de practicidad y procedan a separar cuidadosamente las ramas, equilibralas, pasarles un plumero si es necesario, forrar el tronquito, colocar las guías de luces y ¡comenzar a decorarlo!. (Entre paréntesi’, tampoco se olviden, una vez armado, de disponerlo en un soporte adecuado y adornado, a su vez, lo cual pueden conseguir con lindas telas de colores, “pastito”, papeles decorativos, cintas gruesas y materiales similares).  Entonces, ya tenemos el árbol desplegado, bien dispuesto, equilibrado, con sus ramas bien ubicadas y sobre todo, bien separadas. Podríamos decir, algo poéticamente, que esa cosa de plástico -en general, chicas, porque dudo que alguien en la ciudad monte un árbol “de verdad”- decía, que esa cosa de plástico, tiene un “tronco” al que no solemos darle ninguna importancia; pues ¡la tiene!, así que tómense el trabajito de cubrir o forrar ese tronco: se puede utilizar papel metalizado, preferentemente dorado, plateado, rojo o verde; también guías de luces o de pequeñas cuentas plateadas o doradas.  En fin, se trata sólo de prepararlo mejor y de paso, de producir más luz, ayudando a reflejar y multiplicar el brillo de luces y arreglos.  Por otra parte, queda mucho más prolijo y mejora el resultado final.  Hecho ésto y controlando, nuevamente, que las ramas estén separadas, equilibradas y en el ángulo indicado -casi casi paralelas entre sí, un poco levantaditas- colocamos las guías de luces: ¡tarea crucial! que deberán completar ANTES de colocar, siquiera, un pinche y modesto adorno en las ramas ya que DESPUÉS es literalmente imposible. Entonces ya tenemos el árbol ARMADO, FORRADO -su tronquito-, BIEN DISPUESTO e ILUMINADO.  O sea: ¡ya casi casi está listo, aunque ni siquiera le hayamos puesto una bolita!.  Detalles a tener en cuenta: 1) Los adornos deben ser adecuados no sólo al tamaño general del árbol sino al de las ramas; por ejemplo, las ramitas superiores son las más pequeñas, así que no le pongamos una bola gigante o un adorno demasiado grande, pesado; 2) Dos o tres guías de luces variadas, diferentes, suelen ser suficientes para un árbol mediano y 3) Una vez armado, coloquemos el árbol en un lugar seguro, más bien elevado y cercano a las tomas de luz, que deben ser adecuadas y confiables, ¡nada de un mar de cables y enchufes a la vista, por favor!.  Algo más, a pesar de que estos “consejos” by Princess! suenan y hasta son más bien elementales, por no decir bolu…dísimos: saquen de sus cajitas, desenreden, emprolijen y prueben las luces ANTES de colocarlas, ¿no les parece?.  Y como resulta que, con todo este ajetreo llegamos, apenas, algo así como al 20 de Noviembre, ¡tenemos casi UN MES para dar rienda suelta a nuestra pasión navideña, qué suerte!. Porque, como les decía al principio de esta nota y lo comprobarán por ustedes mismas si son tan fanáticas como yo, una vez que desplegamos, plumereamos, emprolijamos, reparamos los arreglos de años anteriores y, a su vez, nos decidimos a comprar/hacer/comprar OTROS nuevos y comenzamos, paciente y tranquilamente, a VESTIR nuestro árbol, ramita por ramita, ¡se sorprenderán!, si consideran no enchufar al tuntún unas tristes bolas perdidas por aquí y por allá, de cuántas ramas tiene, incluso, un árbol pequeño o mediano.  Mi árbol, sin ir más lejos que a mi propio rancho, es mediano y cada rama, a excepción de las pequeñas superiores, admite hasta tres adornos, algo que puede dar una mezcla de bolitas, campanitas, cositas varias y moños, dependiendo del tamaño.  Lo que nunca debe suceder es que alguna rama quede triste, vacía, oscura o pobretona. Y lo que siempre debe suceder es que nos esforcemos un poquito con el arreglo de la “punta” del árbol ya que no se trata de poner cualquier cosa y chau: amigas, ¡Navidad es una vez por año!, así que a laburar; en esta oportunidad, mi árbol  lleva una flor plateada, otra dorada, un pájaro y una media luna, bien arriba, en todo sentido. ¡Las estrellas también me encantan para rematar el conjunto!, pero me decidí por las flores y los pájaros.  Como verán, necesitamos CIENTOS de adornos, en todas sus variantes; en lo que a mí respecta y por eso, es que me tomo unas dos semanas para “terminarlo” desde que el árbol está desplegado, con las luces puestas y listo para ser decorado. No obstante y para asombro de propios y extraños, esto es relativo ya que después sigo acomodando, me doy cuenta de que está desequilibrado, descubro otra ramita tristona, cambio de lugar aquello otro, en fin, ¡es en los primeros días de Diciembre que puedo decir “Está listo”!.  Listo como cuando el mundo era nuevo, apenas nacido.  Y listo para celebrar a los niños o, si prefieren, en un niño a todos ellos.

 

 

 

Desde nuestra humilde republiqueta sureña, ¡Feliz Navidad para tooooodo el mundo!

           Desde nuestra humilde republiqueta, ¡la mejor Navidad! 

 

 

 

 

 

Un sueño

12 Dic

 

Die Angst

Tenia que hacer trámites; ¿era por eso que viajaba en el colectivo 115, repleto y caluroso?.  Tal como sucede en la realidad de los sueños, se hacía tarde: es que siempre se hace tarde en los sueños. ¿Hacia dónde viajaba?.  De pronto me veo en la Avenida Santa Fe, aunque estoy en la vereda, y no se cuándo ni cómo, exactamente, bajé del colectivo. Miro el número de la calle, estoy “al 1300”. La certeza de estar en el lugar equivocado me llena de angustia, ¿qué colectivo tendré que tomar ahora?, ¿qué hago en este exacto lugar?. Llevo agenda y papeles en la mano, “supongo” que “debería” estar en un lugar concreto, para hacer algo concreto: pero no se qué, ni dónde. Hoy es lunes y recuerdo, como en una bruma, ¡que tengo que trabajar a partir de las doce del mediodía!; sin embargo, ya está cayendo la noche. Entonces busco el teléfono para avisar de mi demora.  ¿Demora?: ¡pero si ya son las ocho y no llamé en todo el día!, ¿qué explicación podría dar?. Ensayo un discurso coherente, para darme cuenta al instante que no tengo ninguno; es que ni yo misma se por qué se hizo tan tarde, por qué no fui, por qué no me di cuenta antes.  Ahora estoy, otra vez -o quizás la misma y todo lo anterior no sucedió- en el colectivo 115; siento un poco de alivio, parece que ahora sí tengo idea de hacia dónde me dirijo y por qué: es tarde y las calles están más tranquilas; ¡qué suerte, llegaré pronto!, pienso, como se piensa en los sueños.  Alguien grita, es un grito seco y corto; está muy cerca y miro: es un hombre no muy joven, mal vestido, despeinado. Otro hombre, más joven, lo toma del brazo y trata de calmarlo. ¿Por qué grita?, me pregunto.  El más joven le pide al chofer que detenga el colectivo, ¡con urgencia, imperiosamente!. Imagino que bajarán y el viaje seguirá su curso, pero no es así: es necesario que bajemos todos. No puedo encontrar razones para esto, tampoco los demás pasajeros; pero lo hacemos, como si fuera lo esperado, lo correcto, lo debido. Bajamos precisamente y ¿por segunda vez? frente al 1300 de la Avenida Santa Fe. Entonces me doy cuenta de que llevo bolsas de compras, son alimentos que necesitan congelarse.  Y digo “congelarse”,  no es suficiente el frío de la heladera.  Le pregunto a una pareja de pasajeros que conozco desde siempre en el mundo-sueño, si pueden guardármela en su casa: ¿Tienen freezer?, ¿Pueden hacerme el favor?. ¡Con gusto!, me contestan y ya estamos en la casa de barrio adonde viven.  Lo extraño es que cuando más miro en las bolsas, más cosas aparecen; de hecho, aparecen cosas que no tenía ni idea de haber cargado. ¡Se hizo tardísimo y ni siquiera llamé a mi trabajo!. Mejor me voy y me llevo las bolsas.  Y ya estoy, nuevamente, en la calle oscura…   

    ♣

 by Princess!!, que no va al psiconalista porque es muy caro...

by Princess!!, que no va al psiconalista porque es                         caro

Correspondencia ¡inédita! Dra. Estela Artuá-Princesa García: sobre el amor y otras desgracias…

27 Ago
¡Entrega inmediata!

                  ¡Entrega inmediata!

 

 

 

 

 

 

 

AtenasdelPlata, todavía invierno, año del Señor 201…

 

                Estela, querida amiga: estas pocas líneas te alcanzarán, como casi siempre, en el enésimo Congreso de Entomología que cuenta con tu presencia y ¡solvencia! científika; hablando, o escribiendo del tema, más bien…¿qué tal Zanzíbar, pudiste pasear algo?.  Al margen, lamento que no hayas podido conocer Samarkanda y me refiero al cambio de sede, pero seguro que no te faltará oportunidad, ni otro plomífero congreso organizado a tal fin, o sea, viajar un poco al divino botón y con todo pago.  Así que pretendo amenizar tus ya agitados días con estas líneas, en la espera de tu regreso ¡triunfal! a la ciudad que nos vio nacer, así nos comemos unas pizzas en El Mazacote, de Chile y San José, en la República de Monserrat, o desayunamos en Ouro Preto, variándonos por la Avenida Corrientes, que ¿nunca? duerme y siempre está sucia. Yo estoy más que bien, Estela y, no quiero cantar victoria, pero creo que libre de las desgracias del amor… ¡tan luego yo, que nací “de novia” y/o casada!: no sólo dejé atrás por completo el affaire André, que no merecía ni el recuerdo ese tarado al cubo, sino, y lo más importante, es que ya no sólo no “necesito” sino que ¡ni siquiera “busco”! el amor de un hombre. Esto es fundamental porque, justamente, el peligro de buscar consiste en su fin, o sea, encontrar lo que se busca, que es, ahora me doy cuenta, algo que no deseo ni siquiera en su mínima expresión. Este concepto, esta realidad existencial, ha dado frutos impensados: acepté la Secretaría General de la Internacional de las Modernas Chicas, a la que tanta veces me resistí, retomé mi Curso de Filosofía für Chikas Only -este año nos metimos con Kierkegaard, Kant y Héctor Gagliardi-, dí un impulso inusitado a mi Correo Sentimental en la revista de La Mujer Moderna, retomé mis estudios sobre Derecho Internacional, la meditación Zen, la gimnasia sueca y las clases de repostería y tejido a dos agujas, inclusive. ¿Habrán terminado por fin mis males de amores?: Sí, ya que esto sólo depende del deseo, amiga, que por fin y a la vuelta de la vida, cumplo y sirvo hasta su última conclusión lógica.  Barrunto estas reflexiones, querida Estela, mientras camino en el atardecer perfecto de mi barrio al sur, que ya, pero ¡ya! anuncia la esperada primavera porteña. Te abraza tu amiga del alma, no sin antes enviarte un audio…  

Princess!!

 

 

 

tres sueños

14 Ago

 

UNO

Hacía trámites en un juzgado. “De pronto” me daba cuenta de que no sabía si tenía que pagar tasas o no y preguntaba a los empleados: parecían no registrar ni siquiera mi existencia.  Me veo llorando en el mostrador de Tribunales, completamente desesperada, pero ni aún así me registra alguien.  Pregunto, angustiada… nadie me contesta.  Un colega me dice: “Sí, corresponde pagar tasa judicial, más exactamente $2048”, y me anota la cifra; le agradezco muchísimo. Estoy sentada esperando, algo más tranquila, llevo un niño en brazos, aunque no es mi hijo. Me detengo a mirar las personas que comparten la espera, por lo visto para pagar algo, como yo, entonces veo a mi padre, interrogándome con la mirada: “¿Quién es ese niño, qué hacés aquí?”, parece decirme sin hablar y siento temor por sus reproches.  Después me acuerdo de que está muerto y eso parece tranquilizarme, aunque parezca absurdo y pregunto sin preguntar “¿Pero vos no estabas muerto?”.  Entonces recuerdo la cifra que me indicó el colega, especialmente las últimas dos, el número 48.  ¡Con razón!, pienso, ¡si es el muerto que habla!.

˜

DOS

Por alguna especie de milagro incompresible, visito XX, país en el que viví en un pasado ya remoto y al que nunca regresé. Estoy con otras personas, quizás amigos queridos, no lo sé. Sin embargo pregunto por el precio de los cigarrillos, dato sobre el cual no tengo la menor idea. ¿Serán más caros que allá?, “pienso” en clave sueño, sin preguntas, sin sonido, sin hablar.  Y parece ser lo único que me interesa o preocupa seriamente.

˜

TRES

Estoy en casa, preparándome para salir: tengo un turno médico ¡importantísimo! y muy esperado, quizás para mí, quizás para un hijo.  D. también está allí; mientras, me baño y arreglo atenta a la hora, ¡es que apenas tengo el tiempo suficiente para llegar puntual!. Después de bañarme y tranquilizar a D., preocupado por el correr del tiempo-sueño, que parece ir muy rápido, me pongo un desodorante en aerosol que lleva el nombre de un desinfectante de ambientes. Por lo visto, también fabrican desodorantes corporales, “pienso”; no lo sabía, aunque confío en una marca tan tradicional y prestigiosa.  Sin embargo,  apenas pasados unos momentos veo que el espejo del baño, sus paredes cubiertas de azulejos, incluso mi cuerpo y el resto de las paredes y ventanas de toda la casa, se llenan de horribles manchones negros que, como hongos de una pelicula barata de terror, ocupan las superficies y crecen sin parar.  “¿Qué tiene este desodorante?”, digo sin hablar en el idioma de los sueños mientras miro a D. que está algo sorprendido.  Es extraño, pero no me inquieto demasiado, ¡al contrario!, comienzo a limpiar todo con un trapo de cocina: “Debería pasarle agua con lavandina” comento con D. mientras las manchas oscuras y pegajosas invaden todo. Y comienzo a hacerlo. Discuto con D. y es ésto lo que me inquieta mucho más, siento una tristeza infinita.  “Si te ponés a limpiar vas a llegar tarde, ¡hasta podés  perder el turno!”, me dice sin decir; pero yo sigo y persisto hasta que me doy cuenta de la extensión y lo inquietante del desastre, incluso, en mi propio cuerpo. “Es que no puedo irme y dejar todo así”, contesto sin voz, en el sinsonido de los sueños.  D. se inquieta todavía más, reclamándome. Entonces asumo que pediré otro turno, mientras las manchas siniestras no dejan de crecer. ¡Es que no quiero pelear con D.!, no entiendo cómo no entiende.

 

 

Φ

 

 

by Princess!!, supuesta psicoanalista de barrio tanguero...

by Princess!!, supuesta psicoanalista de    barrio tanguero… y se trata de Freud         niño, ¡sin habano!, ni siquiera de chocolate

 

 

 

A %d blogueros les gusta esto: